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En su segundo año en el mercado, la nueva
Suzuki GSX-R 1000 continúa reinando entre las hi-sport. Un
motor brillante y explosivo y una parte ciclo intachable
siguen manteniendo a esta "mil" japonesa como la
referencia en su categoría. Argumentos sobran como para
seguir viendo este segmento de las superdeportivas más azul,
del azul de esta Suzuki. |
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Suzuki ponía en el mercado para 2001 la que habría
de ser su gran apuesta en el segmento de las grandes deportivas, era la
"anti-novecientos" de Honda y Kawasaki y la que soportaría el
brutal ataque de Yamaha con su R-1. Para el año que transcurre la marca
de Hamamatsu ha introducido ligeros cambios, principalmente estéticos,
pero no obstante la GSX-R se mantiene en los lugares más altos. Su gran
potencia y su destacable ligereza se combinan para acercarnos muy de
cerca a las sensaciones que experimentan los pilotos de carreras de
motos de gran cilindrada, sin renunciar a una montura más polivalente
de lo que pueda aparentar. |
La
caja de los truenos
El principal secreto del éxito de la GSX-R
1000 reside en su corazón, un propulsor
realizado sobre la base del utilizado en la
GSX-R 750. Se trata de un cuatro cilindros en
línea alimentado por inyección electrónica
que en el caso de la "mil" cubica
998 centímetros cúbicos. La potencia en este
caso llega hasta los 160 caballos de potencia,
pero con una entrega casi perfecta. Cuenta con
los bajos obvios de una máquina que derrocha
semejante caballaje, pero es en la mitad del
cuentavueltas y en lo más alto donde esta
Suzi dice bien quién es.
Lo cierto es que en uso normal la GSX-R 1000
se puede llevar sin problemas. No es brusca y
cualquier conductor se puede desenvolver
cómodamente con ella en cualquier situación
debido a la linealidad y suavidad de su
entrega de potencia. Eso sí, cuando buscamos
la zona roja, entonces ya hay que cogerse
porque se abre la caja de los truenos. En
ciudad es casi imposible |
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| aprovechar ni una pequeña parte
de la potencia por su propensión a derrapar y a
cabecear, pero si la metemos en circuito, tal como
hicimos en el trazado valenciano de Cheste las cosas
tampoco son fáciles. Y es que además de que tan
sólo en la recta podemos hacer uso de las seis
velocidades de su caja de cambios, moviéndonos en
marchas cortas, indispensable en el revirado Ricardo
Tormo, la tendencia a perder la adherencia de la rueda
delantera era habitual. Pero, lo dicho,no es ninguna
fierecilla indomable y depende de lo que le pidamos,
nos contentará con un carácter u otro. Ahí está,
sin duda, la principal virtud de este
tetracilíndrico.
Falsas apariencias
Ciertamente tiene el aspecto de una moto aparatosa
y grande, si la comparamos por ejemplo con una Yamaha
R1. Pero la verdad es que cuando la conducimos la cosa
cambia. El chasis diseñado por los ingenieros de
Suzuki podemos calificarlo casi de excelente. El doble
viga de aluminio, de una rigidez impresionante
—podríamos llevar unas decenas de |
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